La figura del asesino serial es recurrente en el cine de horror, muchas películas inspiradas en asesinos reales han hecho historia en el cine. La más icónica es Psycho (Hitchcock, 1960), basada en la novela homónima de Robert Bloch, que fue inspirada en los asesinatos cometidos por Ed Gein (Wisconsin, 1906-1984). Ed Gein también inspiró la aclamada The Texas Chainsaw Massacre (Tob Hopper, 1974), entre muchas otras.
Hace poco recibí un regalo muy especial. Y eso me dio pie
para hablar sobre uno de los directores más importantes en la historia del
cine.
Para quienes no lo conozcan, se trata de Alfred
Hitchcock, mejor conocido como “El maestro del suspenso”.
Nacido en Londres, en 1899. En 1920 incursionó en el cine
con trabajos menores, escalando hasta realizar su primera película en 1925. Se
gana su fama gracias al uso de la cámara de manera que simula la mirada del
espectador, haciéndolo partícipe/ observador del relato.
El período silente
Aprendió sobre cine leyendo los periódicos
especializados, escribiendo guiones para comerciales y pasando su tiempo en los
estudios cinematográficos. Comenzó escribiendo rótulos para las películas,
luego hizo trabajos de montaje, escritura, asistencia de dirección y diseño de producción.
Recibió consejos de F.W. Murnau mientras destruía un decorado de la película
Los Nibelungos, de Fritz Lang.
Desde el comienzo en sus películas está involucrando al
espectador con tiros de cámara y puntos de vista. A lo largo de este período
dirige varios melodramas, pero es en sus thrillers donde se ve reflejada su
fascinación con las rubias.
Las películas inglesas sonoras
Hitchcock hace una nueva versión sonora de Blackmail, con
algunas sincronizaciones de audio en la original, pero aun así la primera
versión da la impresión de haber sido concebida para ser sonora.
El teatro fue una de sus pasiones, y no en vano muchas de
sus películas fueron adaptaciones de obras teatrales. Otra de sus grandes
influencias fue Fritz Lang y el expresionismo alemán. Cecil B. DeMille también
fue uno de sus ídolos.
Llegada a Estados Unidos
Pasa sus primeros siete años como empleado de David O.
Selznick, productor de “Lo que el viento se llevó” y otro admirador de DeMille.
Ambos querían emularlo, sin embargo se vieron enfrentados a una serie de
conflictos en los que Hitchcock salió victorioso, al menos en seis de las
películas que hizo sin supervisión de Selznick.
Hitchcock estuvo condicionado desde el principio, debía
realizar películas que lograran la aprobación de las productoras, y debía
ceñirse al StarSystem. Sus películas reflejaron el antinazismo, y buscó
mostrarle a Estados Unidos una lección dolorosa sobre la guerra, con la mejor
de las intenciones, porque ahora era su hogar.
Maestro del Suspenso
Muchos de sus filmes presentan giros argumentales en el
desenlace y tramas perturbadoras que se mueven en torno a la violencia, los
asesinatos y el crimen. Con frecuencia, los misterios que articulan las tramas
no son más que señuelos (Macguffin) que sirven para hacer avanzar la historia
pero no tienen mayor importancia en el argumento.
A partir de los años 50, Hitchcock comienza a teorizar
sobre las películas que ha realizado, y afirma que es del espectador de quien
aprende.
Gracias a un amigo, y a Laboratorios Black Velvet, me enteré que dos productoras de cine -64-A Films (Col.) y Green Dog Films (E.E.U.U.)- lanzaron un proyecto en el que buscan desarrollar, financiar, producir y comercializar cinco largometrajes rodados en Colombia. La convocatoria cerró a finales de 2013 y reunió más de 400 propuestas de realizadores de distintas partes del mundo. Los ganadores fueron anunciados (aunque no hubo mucho revuelo en los medios nacionales especializados) y se está en proceso de conseguir financiación para estos cinco proyectos, que serán dirigidos por directores con experiencia (mucha o poca) en el género.
Los proyectos y respectivos directores son:
Los proyectos y respectivos directores son:
- El Despertar- Victor García
- The Horror- Chris Gerolmo
- Unseen- Timothy Linh
- El Duende- Jorge Navas
- The Rage- Anthony Bowman
Aun no se han anunciado fechas de rodaje, y mucho menos de estreno, pero estaré pendiente, porque este tipo de proyectos incentivan a los realizadores colombianos a explorar el género. Espero que tengan mucho éxito.
A propósito de la entrada de ayer sobre el horror en Medellín, hoy recuerdo este documental que se estrenó en el festival Sitges 2013. Escrita y dirigida por Érika Zúñiga.
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Medellín es una ciudad que desde hace varias décadas carga con una cruz gigante que tiene nombre propio (nombre que no vale la pena mencionar) y que le ha sido difícil descargar.
Drogas, mafias, violencia y prostitución han hecho la imagen de la ciudad desde los años 80, y el narcotráfico ha sido eje temático de varias películas colombianas (Ajuste de cuentas, Sumas y Restas, Apocalipsur, María, llena eres de Gracia, El Rey, Rosario Tijeras, La Virgen de los Sicarios, por mencionar algunas), muchas de ellas relatando el drama, pero no el horror que produce vivir en una sociedad marginada por las guerras de la droga. Aquí hay mucho material para contar: asesinos a sueldo, desapariciones forzadas, cultos y sectas, torturas indiscriminadas, miseria humana en general.
Considero que narrar en clave de horror es una forma efectiva de exorcizar los demonios que carcomen a esta sociedad paisa. Contar de manera cruda, y algo fantástica, los temores que nos aquejan. Y no quiero decir que las otras películas realizadas no tengan validez, pero nos da miedo explotar un género cinematográfico en el país. Creo que Medellín es una pieza clave para el desarrollo del horror en el cine colombiano.
Tanto es el horror por contar, pero el cine y la televisión están plagados de capos, prepagos* y corruptos. Es hora de darle un giro a la narrativa, hacerla visceral, trágica, que transgreda al espectador así como las películas estadounidenses lo hicieron en su momento (y no se trata de emular, sino de crear un estilo propio). Puede herir susceptibilidades, sí, y más con una mentalidad tan mojigata como la de la mayoría de mis coterráneos, pero ¿si le damos una oportunidad? Tengo muy claro que se pretende sacar de las pantallas tanta violencia que mancha el nombre de Colombia, pero seguimos viendo a los capos, las tetas y la vida de criminal, sin efectos más que crear debates que se quedan en el aire, reforzando la doble moralidad de los colombianos en general. Tal vez retratar la historia de la violencia en Medellín de forma más cruda, más oscura, más sangrienta (aunque nada es más sangriento que la realidad misma) permita generar una verdadera reflexión sobre la sociedad que fuimos, somos y seremos. Vamos, realizadores, que tenemos mucho que contar.
*Término usado para las mujeres que prestan servicios sexuales a cambio de dinero. Se diferencian de las prostitutas porque no salen a las calles, sino que se "ofrecen" de forma discreta, generalmente por medio de un catálogo.
Drogas, mafias, violencia y prostitución han hecho la imagen de la ciudad desde los años 80, y el narcotráfico ha sido eje temático de varias películas colombianas (Ajuste de cuentas, Sumas y Restas, Apocalipsur, María, llena eres de Gracia, El Rey, Rosario Tijeras, La Virgen de los Sicarios, por mencionar algunas), muchas de ellas relatando el drama, pero no el horror que produce vivir en una sociedad marginada por las guerras de la droga. Aquí hay mucho material para contar: asesinos a sueldo, desapariciones forzadas, cultos y sectas, torturas indiscriminadas, miseria humana en general.
Considero que narrar en clave de horror es una forma efectiva de exorcizar los demonios que carcomen a esta sociedad paisa. Contar de manera cruda, y algo fantástica, los temores que nos aquejan. Y no quiero decir que las otras películas realizadas no tengan validez, pero nos da miedo explotar un género cinematográfico en el país. Creo que Medellín es una pieza clave para el desarrollo del horror en el cine colombiano.
Tanto es el horror por contar, pero el cine y la televisión están plagados de capos, prepagos* y corruptos. Es hora de darle un giro a la narrativa, hacerla visceral, trágica, que transgreda al espectador así como las películas estadounidenses lo hicieron en su momento (y no se trata de emular, sino de crear un estilo propio). Puede herir susceptibilidades, sí, y más con una mentalidad tan mojigata como la de la mayoría de mis coterráneos, pero ¿si le damos una oportunidad? Tengo muy claro que se pretende sacar de las pantallas tanta violencia que mancha el nombre de Colombia, pero seguimos viendo a los capos, las tetas y la vida de criminal, sin efectos más que crear debates que se quedan en el aire, reforzando la doble moralidad de los colombianos en general. Tal vez retratar la historia de la violencia en Medellín de forma más cruda, más oscura, más sangrienta (aunque nada es más sangriento que la realidad misma) permita generar una verdadera reflexión sobre la sociedad que fuimos, somos y seremos. Vamos, realizadores, que tenemos mucho que contar.
*Término usado para las mujeres que prestan servicios sexuales a cambio de dinero. Se diferencian de las prostitutas porque no salen a las calles, sino que se "ofrecen" de forma discreta, generalmente por medio de un catálogo.
¿Un cómic de terror?
Los zombis son una de las figuras que más me gustan
dentro del cine de horror, y aun así no me vi tentada a ver la serie más
aclamada en los últimos años que tiene como eje principal un post-apocalipsis
zombi: The Walking Dead. Sin embargo el auge mediático me hizo investigar sobre
la serie, para encontrarme que está basada en el cómic homónimo de Robert
Kirkman. Comencé a leerlo y me di cuenta que me estaba perdiendo de algo
realmente bueno. A diferencia de la serie (solo me vi el piloto), el cómic me
atrapó de inmediato, cada capítulo me deja la necesidad de leer inmediatamente
el otro, y por fortuna puedo hacerlo sin esperar un mes a que salga el próximo
(bueno, eso hasta que termine de leer el último publicado y esperar el #135).
Para quienes no saben de qué trata, The Walking Dead es
la historia de Rick Grimes, un policía de Kentucky, que despierta de un coma
para darse cuenta que el mundo ha cambiado y una plaga de muertos vivientes
arrasa con éste, y sale en busca de su familia. Al principio creí que la
historia giraba alrededor de los zombis, alguna explicación científica,
conspiratoria o “mágica” de cómo surgieron, pero me sorprendí al descubrir una
historia totalmente humana. Catalogado como un cómic de terror, me di cuenta
que lo que menos terror produce son los “caminantes”. Con el surgimiento del
slasher* en las películas de horror se re identifica un poderoso enemigo: el
hombre. Y sin querer hacer spoiler, es en esta historia donde ese enemigo se ve
reflejado.
En realidad lo que me aterra pensar es hasta dónde puede
llegar una persona cuando su entorno ha cambiado, cuando se ve amenazada,
cuando para sobrevivir se considera atentar contra otro para el beneficio
propio. En esta sociedad no estamos muy lejos de vivir lo que viven los
personajes de The Walking Dead, a menores escalas hay realidades similares
(aunque no hay zombis en el camino), y aplicar un darwinismo social** hasta un
punto mortal cabe dentro de las posibilidades del desarrollo de la sociedad.
Pensar en el beneficio propio no es descabellado, todos lo hacemos a diario,
pero considerar matar a otro a sangre fría (refiriéndome al cómic como tal) sin
remordimiento es lo que me atemoriza. Me atemoriza más saber que hay personas
en el mundo que lo hacen, indiscriminadamente -que no sabemos porque ese tipo
de realidades las ocultan convenientemente-, saber que el peor enemigo del
hombre es el hombre mismo. No hay historia de horror más escalofriante que esa.
*Subgénero de horror. Su trama ejemplar es un psicópata
que persigue y asesina a un grupo de jóvenes, por cualquier razón dada.
Popularizada a finales los años 70, y cargada de violencia explícita y muertes
sangrientas. (Aclaro que esta definición no hace justicia al subgénero, por lo
que recomiendo buscar una definición más precisa)
**Teoría social que surge a partir de la Teoría de la
Evolución de Charles Darwin.




